LEGADO ESPIRITUAL PLENAMENTE VIGENTE

El Padre Hurtado en los discursos y

Homilías del Papa Francisco en Chile

  • En sus actividades públicas el Santo Padre recordó las palabras del santo chileno

 

SANTUARIO DEL PADRE HURTADO. –

San Alberto Hurtado fue citado en casi todos los discursos y homilías del Papa Francisco en Chile, demostrando la vigencia de sus palabras, el poder de su legado espiritual y su papel en la historia de nuestra Patria que se sigue tejiendo. Aquí los extractos de esas citas.

 

  1. REUNIÓN CON LAS AUTORIDADES, LA SOCIEDAD CIVIL Y EL CUERPO DIPLOMÁTICO.

Palacio de la Moneda, martes 16 de enero de 2018.

“Ustedes tienen ante sí un desafío grande y emocionante: sigan trabajando para que la democracia, el sueño de sus padres, mucho más allá de los aspectos formales, sea realmente un lugar de encuentro para todos. Que sea un lugar donde todos, sin excepción, se sientan llamados a construir casas, familias y naciones. Un lugar, una casa, una familia, llamada Chile: generoso, acogedor, que ama su historia, que trabaja para el presente de su convivencia y mira con esperanza al futuro. Es bueno recordar aquí las palabras de San Alberto Hurtado: ‘Una nación, más que sus fronteras, más que su tierra, sus cordilleras, sus mares, más que su lengua o sus tradiciones, es una misión para cumplir’”.

  1. SANTA MISA POR LA PAZ Y LA JUSTICIA.

Parque O’Higgins, martes 16 de enero de 2018.

“¡Siembra paz por proximidad, por proximidad! A fuerza de salir de la casa y mirar las caras, te encontrarás con los que se encuentran en dificultades, los que no han sido tratados como personas, como un digno hijo de esta tierra. Ésta es la única manera en que podemos tejer un futuro pacífico, tejer de nuevo una realidad que puede deshilacharse… El pacificador sabe que no es suficiente decir: no hago daño a nadie, porque, como dijo San Alberto Hurtado: ‘Es muy bueno no hacer el mal, pero es muy malo no hacer el bien’”.

  1. REUNIÓN CON SACERDOTES, RELIGIOSOS Y RELIGIOSOS, CONSAGRADOS Y SEMINARISTAS.

Catedral de Santiago de Chile, martes 16 de enero de 2018.

“En Jesús, nuestras heridas nos sirven de apoyo, nos ayudan a destruir los muros que nos aprisionan en una actitud elitista para estimularnos a construir puentes e ir a encontrar a tantos sedientos por el mismo amor misericordioso que solo Cristo puede ofrecernos… Veo con cierta preocupación que hay comunidades que viven con ansiedad por aparecer en la cartelera, ocupar espacios, aparecer y mostrarse, no arremangarse e ir a tocar la realidad dolorosa de nuestra gente fiel… Como el reflejo de ese santo chileno que nos advierte y nos pone en tela de juicio: ‘Entonces, todos los que se imponen por la uniformidad serán métodos falsos; todos aquellos que dicen orientarnos hacia Dios haciéndonos olvidar a nuestros hermanos; todos aquellos que nos hacen cerrar los ojos al universo, en lugar de enseñarnos a abrirlos para elevar todo al Creador de todo; todos aquellos que nos hacen egoístas y nos hacen caer en nosotros mismos’”.

  1. ENCUENTRO CON LOS JÓVENES.

Santuario nacional de Maipú, miércoles, 17 de enero de 2018.

“Los jóvenes del Evangelio que escuchamos hoy querían esa ‘señal, buscando la señal que los ayudaría a mantener vivo el fuego en sus corazones’… Fueron guiados por Juan el Bautista. Y creo que ustedes tienen un gran santo que puede guiarlos, un santo que cantó con su vida: ¡Contento, Señor, contento!. Hurtado tenía una regla de oro, una regla para encender su corazón con ese fuego capaz de mantener viva la alegría… Y la contraseña de Hurtado para reconectarse, para mantener la señal era muy simple… Seguramente ustedes trajeron el teléfono … veamos … Me gustaría que lo peguen en sus teléfonos celulares. Hurtado se pregunta a sí mismo, y esta es la contraseña: ‘¿Qué haría Cristo en mi lugar?’. ¿Qué haría Cristo en mi lugar en la escuela, en la universidad, en la calle, en casa, con amigos, en el trabajo; frente a ls que hacen los matones: ¿Qué haría Cristo en mi lugar?. Cuando vas a bailar, cuando haces deportes o vas al estadio: ¿Qué haría Cristo en mi lugar?. Esta es la contraseña. Éste es el encargo de encender nuestros corazones, encender la fe y la chispa en nuestros ojos”.

  1. VISITA A LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE.

Universidad Católica, miércoles 17 de enero de 2018.

“La historia de esta universidad está entrelazada, en cierto modo, con la historia de Chile. Hay miles de hombres y mujeres que, entrenados aquí, han llevado a cabo tareas importantes para el desarrollo de su tierra natal. Me gustaría mencionar en particular la figura de San Alberto Hurtado, en este año centenario desde que comenzó sus estudios aquí. Su vida se convierte en un claro testimonio de cómo la inteligencia, la excelencia académica y el profesionalismo en el trabajo, armonizados con la fe, la justicia y la caridad, lejos de verse disminuidos, adquieren una fuerza que es la profecía, capaz de abrir horizontes e iluminar el camino, especialmente para aquellos descartados por la sociedad, especialmente hoy, cuando esta cultura de residuos está en boga”.

  1. SANTA MISA Y CELEBRACIÓN FRATERNAL PARA LA INTEGRACIÓN DE LAS PERSONAS, EN HONOR DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN, MADRE Y REINA DE CHILE.

Playa Lobito, Iquique, jueves 18 de enero de 2018.

“Porque Cristo ‘vino a este mundo para no hacer su trabajo solo, sino con nosotros; el milagro lo hace con nosotros, con todos nosotros, para ser la cabeza de un gran cuerpo cuyas células vivientes somos nosotros: libres y activos’ “. (Frase de San Alberto Hurtado, en Meditación de Semana Santa para jóvenes, 1946).


El Papa Francisco, los jesuitas y

el Encuentro con Cristo Pobre

 

Fue un encuentro entre hermanos que parecía que sólo ayer se habían visto por última vez. Todo el diálogo estaba traspasado de cariño, de cercanía, de conocerse, de un mismo lenguaje, de un mismo sentir. Nos invitó, como algunos jesuitas también han mencionado, a desencadenar un fuego que nos permitiera abrasar con amor a los más vulnerables, a cambiar un enfoque asistencialista por uno reparador de derechos.

 

Jorge Muñoz SJ, rector del Santuario del Padre Alberto Hurtado

 

“Hablemos del Papa Marcelo[1]”. Es una conocida expresión entre los jesuitas. Cuando alguna conversación se elevaba en los tonos y tomaba visos de discusión sin mucho norte, no era extraño que algún jesuita la interrumpiera con la mencionada frase, llevándola hacia un tema en que nadie estaría en desacuerdo: la bondad de un Papa que apenas tuvo 22 días de pontificado. Creo que hoy bien podríamos decir: “Hablemos del Papa Francisco”. Sin embargo, para entender el porqué es bueno ir a lo sucedido en el Santuario del Padre Hurtado el día martes 16 de enero.

Desde que supimos que el Papa visitaría el Santuario comenzó un arduo trabajo. Sabíamos que la visita no sería demasiado extensa, pero el solo hecho que nos visitara era un regalo mayúsculo. Primero se encontraría, privadamente, con los jesuitas en la Tumba del Padre Hurtado, y luego, un encuentro con 40 hospedados del Hogar de Cristo. Después de algunas gestiones, no del todo sencillas, logramos convencer a quienes correspondía para que el segundo momento no fuera solo un encuentro con 40 hospedados, sino con 400 patroncitos y patroncitas, es decir, con 400 personas que hoy serían la preocupación central de la misión de Alberto Hurtado. Teniendo eso claro, nos abocamos a preparar con la mayor delicadeza lo que serían estos dos momentos. Hasta que la espera terminó.

El Papa Francisco llegó al Santuario proveniente desde la Catedral, lugar donde se reunió con los sacerdotes, y con la vida religiosa y consagrada de la Arquidiócesis de Santiago. Desde temprano, en el escenario instalado en el frontis, lo esperamos con un programa que acompañó a las personas que se congregaron en las afueras. La idea no era sólo entretener sino disponer, para que al llegar su Santidad encontrara un pueblo en fiesta: la fiesta que significa para todos y todas, la posibilidad de estar cerca del Vicario de Cristo.

Así fue, al divisar ya desde lejos el papamóvil la gente estalló en cantos, aplausos y vítores. Era alegría, emoción y gratitud reunidas en esos gestos. Por su parte, el Papa les respondía son sus saludos y su sonrisa.

Bendición de la Camioneta Verde

El primer gesto fue acercarse y bendecir la Camioneta Verde. Teníamos el deseo de escoltar, de abrirle camino, como si el mismo Padre Hurtado hubiera ido a buscarlo. Pero no se pudo. Sin embargo, que el Papa se acercara, bendijera ese vehículo tan querido por la gente, hiciera silencio, tocara y luego se persignara, era ya un reconocimiento al desvelo que Alberto Hurtado mostró por los más postergados.

Al comenzar su ingreso al Santuario se detuvo dos veces, no sólo para saludar a los voluntarios que estaban cerca, sino para responder dos preguntas: ¿Qué le diría al pueblo chileno a su llegada a este lugar? “¡Qué no pierdan la alegría!”, respondió con toda claridad. Una segunda persona le decía: Esta es una zona de mucho migrante, ¿qué les diría a ellos? “¡Qué se integren, pues todos somos iguales!”, sabiendo que en esta respuesta había más bien una invitación a que el país fuera más acogedor.

Un encuentro entre hermanos

Ya dentro, en un auto cerrado, se dirige a la Tumba del Padre Hurtado donde lo esperábamos más de 120 jesuitas. Un fuerte y cariñoso aplauso lo acompañó desde que ingresa hasta que puso sus manos sobre la Tumba de nuestro santo jesuita. En ese momento, se hizo un silencio orante. Rezábamos junto a él, tal vez, pidiendo la intercesión de Alberto Hurtado por el buen desarrollo del pontificado de este hermano nuestro. Luego, una canción sella la oración: Amarte a ti, Señor, en todas las cosas y a todas en ti. Él mismo la cantó con nosotros.

Así comenzaba este encuentro entre hermanos, pues eso fue lo que ocurrió. Un encuentro entre hermanos que parecía que sólo ayer se habían visto por última vez. Todo el diálogo estaba traspasado de cariño, de cercanía, de conocerse, de un mismo lenguaje, de un mismo sentir. Nos invitó, como algunos jesuitas también han mencionado, a desencadenar un fuego que nos permitiera abrasar con amor a los más vulnerables, a cambiar un enfoque asistencialista por uno reparador de derechos. Así mismo, agradeció la colaboración que en todo aspecto le ha entregado la Compañía de Jesús desde el inicio de su pontificado y nos pedía que enfatizáramos el discernimiento en estos tiempos de cambios.

Finalmente, le hicimos entrega de dos regalos: un crucifijo que perteneció al Padre Hurtado y la Historia Domus (Bitácora) del tiempo en que él vivió en la Casa de Formación de Marruecos, hoy Casa de Ejercicios Padre Hurtado. El primero fue entregado por un novicio, Max Echeverría, y el segundo, por dos jesuitas que vivieron con él, Emilio Vergara y Juan Valdés. Este momento estuvo acompañado por comentarios espontáneos del Papa Francisco que sacó buenas carcajadas de nuestra parte. Era el relajo mutuo que produce el encuentro entre hermanos y compañeros de camino.

Encuentro con el Cristo Pobre

Así llegamos al segundo momento. El Encuentro con Cristo Pobre. Más de 400 personas que experimentan ya sea la pobreza, la marginación o la postergación del algún tipo. También había personas con discapacidad física y capacidades diferentes, enfermos, adultos mayores. Había migrantes y refugiados. Ahí delante de él estaba el pueblo sencillo; personas que no tienen la vida asegurada, y quizás, por eso mismo, la agradecen con mayor intensidad. Las 28 personas que lo esperaban en el escenario representaban a todos los reunidos.

El entorno era oración por sí mismo. Estaban las Cruces de las Virtudes, realizadas por artistas nacionales e internacionales con ocasión de la visita del Papa, y colgadas en las palmeras seis rostros reconocidos por su opción por los más pobres: Raúl Silva Henríquez, Enrique Alvear, Esteban Gumucio, Alfonso Baeza, María Elena Chaín y Marta Alvarez.

La llegada a la explanada también estuvo llena de emoción, gratitud, alegría. Era una verdadera fiesta, al igual que había sido en el frontis.

Una pobladora de Puente Alto, Lilian López, fue la voz de todos los presentes; su emoción era la emoción de todos y todas.

Tal vez el Papa no les dirigió palabras especiales, pero estuvo. Y trajo su alegría, su cercanía, su capacidad para conectar con la gente sencilla.

Creo que justamente estas personas, más que necesitar palabras, necesitan gestos, necesitan presencia, necesitan saber que cuentan, que valen. Y eso fue lo que el Papa Francisco les ofreció con su sonrisa y simpatía.

Hacia el final, hubo un hecho muy pequeño, pero inmensamente significativo: una simple sopaipilla. Cuando el Papa Francisco tomó esa sopaipilla, ese alimento sencillo, ese alimento que está presente en muchas esquinas de nuestras ciudades y en muchas mesas a lo largo de Chile, se hizo una comunión honda. Esa sopaipilla fue puente, fue abrazo, fue mano extendida. Esa sopaipilla en manos del Papa era signo que compartía la vida de todos, y especialmente, la de los más pequeños. Si a eso le añadimos las palabras con las que las bendijo, el sentido se desplegó con más fuerza: “Bendiga el Señor el corazón de todos nosotros, y esto que compartimos, enseñe también a compartir la vida y después el cielo”.

Gracias Papa Francisco. Cuando ahora queramos unirnos en un tema en que todo estemos de acuerdo, podremos decir: “Hablemos del Papa Francisco”. Hablemos de la bondad que nos mostró. Hablemos del sueño que fuimos capaces de encarnar en el Santuario. Hablemos del amor compartido.

[1] El Papa Marcelo II condujo la Iglesia entre el 9 de abril de 1555 hasta el 30 de abril del mismo año. Tuvo un pontificado de sólo 22 días.


El día que el Papa visitó el Santuario del Padre Hurtado:

 

490 Asistentes

62 Voluntarios del Santuario

400 Voluntarios Papales

160 Periodistas acreditados nacionales y extranjeros

80 Carabineros a cargo

7.000 asistentes a la fiesta en el exterior

1.000 Sopaipillas distribuidas

3.200 Botellas de agua distribuidas más 1 punto de hidratación